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Buenas noches desde las alturas, en la fila 15D del avión de Air Asia que nos lleva a la capital de Malasia: Kuala Lumpur.
Este es el último post de Vietnam, y os tenemos que decir que los paisajes, la gastronomía, la cultura, la gente y la historia del mismo nos han encantado. En este post os explicaremos por qué, y qué hemos hecho por la antigua capital de Vietnam del Sur: Saigón (Actual Ho Chi Minh, en honor al Presidente).
Salimos de Hoy An, una ciudad ubicada en el centro de Vietnam a unos 1.000km de Ho Chi Minh, a eso de las 17:00 h del 2 de agosto. Pues bien, con diferencia ha sido el viaje en bus más largo de nuestra vida: 24 horas de reloj hasta llegar a Saigón. A diferencia del Bus de Hanoi hasta Hué, que pudimos dormir tranquilamente toda la noche, en este no tanto. Nos dieron unos asientos que no estaban al final de todo, por tanto cada butaca está aislada del resto. No pudimos dormir cómodamente y prácticamente ni cabíamos en los asientos (son de tamaño Vietnamita) así que estuvimos las 24h durmiendo máximo dos horas, despertándonos otra hora, dormir otras dos horas, paramos a cenar otra media hora, dormir, despertar y parar en otra ciudad a las 6 de la mañana para cambiar de bus. Total, que acabamos medio zombis.
Lo mejor de todo es que justo antes de llegar a Saigón, el día  3 de agosto a las 18:00 h, vimos una puesta de sol espectacular con las nubes de color rojo. Así que cogí la cámara y me acerqué a la parte de delante del autobús para hacer unas fotos y estar un rato ahí sentado con los locales. Intenté preguntar al conductor cuanto faltaba para llegar y en qué sitio nos iban a dejar, pero no me entendía. Lo que más me sorprendió es lo que hizo justo después. Sacó su cartera, me enseñó billetes y me dijo medio en inglés medio en lenguaje de signos que quería invitarnos a cenar a mi hermano y a mí. Le dije que perfecto pero que antes teníamos que dejar las cosas en algún hostal que todavía no habíamos reservado. Lo mejor es que el fenómeno me dijo que nada más bajar nos acompañaría a buscar una buena Guest House y que al dejar las cosas iríamos a cenar. El tío entusiasmado y yo sin entender muy bien el porqué de la situación, y siempre con los ojos abiertos.
Bajamos del bus, cogimos las maletas, nos metimos en una callejuela con decenas de Guest Houses y nos encontró una por 6 dólares por cabeza (habitación individual con dos camas, aire acondicionado y baño propio). Muchas Guest Houses son las propias viviendas de la familia, que se quedan con dos plantas y las tres de la parte de arriba las alquilan a los turistas. Es decir, en realidad vives en una casa de un Vietnamita, ves su cocina, su sala de estar, a toda la familia… Y son todos muy, muy amables y simpáticos. Tanto que te extraña y te preguntas, ¿por qué son tan agradables y educados? Y no lo hacen para que les des algo a cambio, no. Lo hacen porque son así. Y eso es lo que realmente nos sorprende y nos encanta.
El caso es que después de dejar las cosas, uno de los dos conductores de autobús (porque hay dos y se van turnando cada 6 horas) nos estaba esperando en la entrada para ir a cenar. Fuimos con él y nos llevó a un restaurante que tenía muy buena pinta y lleno de locales. Y tal cual nos pidió una cerveza y algo para picar: unas patatas fritas, unos huevos fermentados con la clara de color naranja oscuro y transparente y la yema totalmente negra y medio líquida medio sólida, con una especie de gambas secas enanas y otra especie de mini cebolla rara… En fin, un plato muy extraño que nos tuvimos que comer como pudimos. Y al rato vino el segundo conductor de autobús. Los dos siempre sonriendo y brindando, casi no hablamos porque inglés sabían poco pero nos comunicábamos con lenguaje de signos. Hacíamos bromas con todos los que pasaban por la calle y nos petábamos de risa. El caso es que después de una gran cena, con noodles incluidos como no, fuimos a un Pub lleno de extranjeros de todos sitios: Australia, Nueva Zelanda, Francia, Alemania, etc. Ahí estuvimos también con ellos y nos invitaron a más cervezas. Todo pagado por ellos, no nos dejaban pagar nada. Nosotros alucinando. Y nada, después del bar nos acompañó hasta la Guest House y nos despedimos dándole las mil gracias por todo.
Pues esto ya nos ha pasado dos veces en Vietnam, en sólo una semana… Alucinante. Lo hacen de corazón y se nota, porque realmente quieren estar un rato contigo, conocer tu cultura, pasar un buen rato, y ya está. Lo sorprendente es que lo hacen sin conocerte de nada, sólo porque les has hecho una broma o cualquier tontería y enseguida te cogen confianza. Esto no nos ha pasado en ningún otro país. En la India un poco, pero siempre con algo de dinero de por medio… Tailandia y Laos la gente local, por lo general, es más seca.
Después de esta gran bienvenida a Ho Chi Minh, nos fuimos a dormir. Al día siguiente, 4 de julio, nos levantamos a las 7am para ir a ver los túneles de Cu Chi. Es todo muy fácil, simplemente tienes que bajar a recepción y decir que quieres ir a ver los túneles de Cu Chi en una hora. Tienes dos opciones, que te lo reserve la persona de tu Guest House o ir a una Agencia de Turismo que las hay a patadas. Nosotros optamos por que nos lo reservase nuestra Guest House. Pagas un euro más y tienes la garantía de que todo va a ir bien, además te dan agua y te vienen a buscar a la puerta del hotel.
A las 7:30 le dijimos a la señora de nuestra Guest House que queríamos ir, y en un minuto nos dijo que a las 8:10 nos vendrían a buscar para ir a Cu Chi. Así que perfecto, esa media hora la aprovechamos para ir a desayunar. Nos hemos aficionado bastante a los batidos Milo de Nestlé, parecido al Cola Cao / Nesquick pero con más sabor a cereales. No sé por qué no lo comercializan en España…
A las 8:10 nos vinieron a buscar, y a las 8:30 ya estábamos subidos en un autocar de camino a Cu Chi. Llegamos sobre las 11:00h después de hacer las típicas paradas para que compres algo en una gran tienda con productos típicos y hechos a mano.
¿Qué es Cu Chi? A grandes rasgos, es un gran entramado de túneles subterráneos que se empezaron a utilizar en la guerra contra los Franceses y que se ampliaron contra la de los Americanos. Dentro de ellos llegaron a vivir más de 5.000 personas escondidas para evitar enfrentamientos contra los americanos. Aquí podéis encontrar más información.
La visita a Cu Chi dura alrededor de dos horas. Vas con todo el grupo del autocar, y con el guía que te asignan. Te enseñan los túneles, las trampas, las tácticas militares que utilizaban los gorilas (la guerrilla), lo que comían, curiosidades, etc. Es muy entretenido y sorprendente.
Casi al final de la visita te dan la opción de disparar armas auténticas de la Guerra de Vietnam contra los Americanos. Nosotros disparamos una AK-47, 5 balas cada uno. Cada bala vale 40.000 VND que son como unos dos dólares y mínimo te obligan a comprar 10. Es alucinante  disparar un arma con tanta historia. Puedes disparar una gran cantidad de armas, unas 7 u 8 en total. La mayoría dispara el M16 y la AK-47.
Después de liberar un poco de adrenalina, continuamos con la visita y nos dejaron meter dentro de los túneles auténticos. Un paseo agachados de unos 25 metros por dentro de la tierra, muy chulo. Al finalizar la visita, de vuelta al bus, vimos una peli y llegamos a Ho Chi Min a las 15h.
Al llegar aprovechamos para comer en el KFC (siempre viene bien reponer algo de energía con comida rápida) y dimos una vuelta por dos mercados típicos de la ciudad. Al acabar, estuvimos sentados en un parque un par de horas viendo un entrenamiento de una especie de Kung Fu y charlando con muchos universitarios. Es muy gracioso porque a la que estas unos pocos minutos paseando por el parque enseguida se te acercan unos cuantos vietnamitas para hablar contigo. Para ellos es una buena forma de aprender inglés y conocer otras culturas.
Al día siguiente, 5 de agosto, nos levantamos también a las 7 de la mañana para ir a ver el museo de la guerra de Ho Chi Minh. Estuvimos ahí unas tres horas, al salir conocimos a una noruega que viajaba sola y estuvo con nosotros hasta las 5 de la tarde visitando otros lugares de interés. A las 5:30 cogimos un bus que nos dejó en el aeropuerto para coger el avión.

La última anécdota es que después de embarcar las maletas, pasados cinco minutos, escuchamos por megafonía nuestros nombres. Yo me extrañé y le dije a mi hermano que nos estaban llamando por megafonía. Y claro, petándose de risa. Total, que mientras vamos de nuevo al mostrador para “asegurarnos” nos vuelven a llamar y esta vez dicen nuestros nombres mucho más lento y más claro. Nosotros ya un poco asustados. Llegamos y nos meten en una sala de seguridad con máquinas grandes que escanean las maletas. Nos dicen que tenemos balas en la mochila, y nosotros extrañados… Pero rápidamente caímos que eran los casquillos de bala de los túneles de Chu Chi, que cogimos unos cuantos de recuerdo. Les dijimos que estaban vacíos y que no pasaba nada, y a pasar de eso tampoco nos dejaron. Sin más los sacamos de la maleta y se los quedaron. 
La puesta de sol entrando en Ho Chi Minh

La calle y el cartel de nuestra Guest House

Emocionado antes de disparar por primera vez en su vida una AK-47
Dentro de los túneles, un calor importante…
Y esta es la cara que se te queda después de recorrer 25 metros bajo tierra en agosto en Vietnam
Uno de los escondites subterráneos de los Vietnamitas
Universitario@s haciéndonos encuestas y preguntándonos muchas cosas
Pasamos un buen rato hablando con ellos